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Torreparedones
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La historia de Baena incluye signos e incertidumbres que guían la búsqueda de una identidad propia por parte de sus habitantes e invita a la visita a aquellos que gustan de dejarse llevar por el misterio y la capacidad de sorpresa. Uno de ellos es el nombre del principal enclave histórico habitado en el espacio rural del municipio, la ciudad que conocemos como Torreparedones, ibera y romana primero, enclave militar después durante el Medievo y redescubierta en las recientes excavaciones. Ya inaugurada, invita al visitante a un paseo por sus calles.

TorreparedonesUbicación: Carretera A-3125, PK. 18

Horarios Turísticos

El lugar conocido como Torreparedones o Torre de las Vírgenes está ubicado en plena campiña cordobesa, entre los ríos Guadalquivir al norte y el Guadajoz al sur, en el límite septentrional de los términos municipales de Baena y Castro del Río. Su situación topográfica, sobre una de las cotas más elevadas de la zona (579.60 m.s.n.m.) lo convierten en el techo de la Campiña.

El empuje decisivo para la recuperación del yacimiento lo ha dado el Ayuntamiento de Baena, que decidió poner en marcha allí un parque arqueológico. Inaugurado y abierto al público desde el 16 de enero de 2011, de Torreparedones destacan como elementos más singulares y atractivos la muralla ibérica, la puerta principal de acceso a la ciudad de época romana, el santuario iberorromano, el centro monumental de la ciudad romana (termas, macellum y plaza del foro), así como el castillo medieval.

Torreparedones-2

Estuvo habitado al menos durante 3.500 años, desde la Edad del Cobre hasta la Baja Edad Media. En las épocas ibérica y romana Torreparedones alcanzó su máximo esplendor contando, ya desde el siglo VI a.C., de una potente muralla, reforzada con torres, que rodeaba un espacio de 10,5 Ha.

El lugar es conocido desde la Edad Moderna por la aparición de notables vestigios, razón por la cual diversos eruditos lo mencionaron como importante "en tiempos de romanos" o en relación al controvertido asunto del martirio de las santas Nunilo y Alodia.


Algunos expertos ya califican a Torreparedones como "un yacimiento a la altura de Baelo Claudia o Segóbriga", según Carlos Márquez, Catedrático de Arqueología de la Universidad de Córdoba, o un "apasionante proyecto de futuro" según palabras del arqueólogo municipal del Ayuntamiento baenense, José Antonio Morena.

Durante las diferentes campañas de excavación del yacimiento que se iniciaron en 2006, han tenido la oportunidad de visitar y conocer in situ los restos descubiertos científicos, profesores y expertos en arqueología que han expresado la importancia de lo descubierto hasta el momento.

TorreparedonesCabe destacar las visitas de Rosario Cebrián directora del parque arqueológico de Segóbrica (Cuenca), de Rebeca Rubio de la Universidad de Castilla-La Mancha, de Pierre Moret profesor de la Universidad de Toulouse-Le Mirail, de Fernando Quesada profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, de Andrés Adroher profesor de la Universidad de Granada, de Armin U. Stylow del Instituto Arqueológico Alemán, de Rafael Hidalgo profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, de Carlos Márquez, Desiderio Vaquerizo y Ángel Ventura profesores de la Universidad de Córdoba, de Luis Baena y Pedro Rodríguez Oliva de la Universidad de Málaga y de José Beltrán y Pilar León Alonso profesores de la Universidad Hispalense.

UN POCO DE HISTORIA

Desde hace varios siglos diversos eruditos se hicieron eco del lugar, aunque de una forma tangencial, tratándose de citas puramente nominales para nombrarlo como importante "en tiempos de romanos" o en relación al controvertido asunto del martirio de las santas Nunilo y Alodia. Sánchez de Feria, E. Flórez o el P. Ruano son algunos ejemplos. En agosto de 1833 se produjo uno de los descubrimientos más relevantes: el denominado mausoleo de los Pompeyos, una tumba hipogea en cuyo interior había diversas piezas pertenecientes al ajuar funerario, así como 14 urnas cinerarias, dispuestas sobre un banco corrido, que ofrecían la particularidad de mostrar 12 de ellas, en una sus caras, los nombres de las personas allí enterradas. Dicho descubrimiento trascendió no sólo las fronteras provinciales sino también las nacionales al hacerse eco del mismo algunas publicaciones especializadas francesas.

La publicación en 1989 del libro "El Santuario Ibérico de Torreparedones (Castro del Río-Baena, Córdoba)", de José A. Morena, supuso un hito en la historia del yacimiento pues originó la puesta en marcha de un ambicioso proyecto de investigación denominado "The Guadajoz Proyect" dirigido por los profesores Mª Cruz Fernández Castro, de la Universidad Complutense de Madrid, y Barry W. Cunliffe, del Instituto de Arqueología de la Universidad de Oxford, junto a otros arqueólogos de la Universidad de Córdoba. Dicho proyecto fue autorizado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y contó con la colaboración del Excmo. Ayuntamiento de Baena. Los resultados obtenidos durante esos años pusieron de manifiesto la importancia de Torreparedones para el conocimiento de numerosos aspectos de la Antigüedad y Edad Media: arquitectura militar, urbanismo, religión, etc. La reciente declaración de Torreparedones como Bien de Interés Cultural, por parte del Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía, pone de relieve el interés y la importancia de este yacimiento que está llamado a ser uno de los hitos patrimoniales más singulares de nuestra provincia.

Desde 2006 el Ayuntamiento de Baena, dentro del proyecto BaenaCultura, ha creado un parque arqueológico en Torreparedones que fue inaugurado el pasado mes de enero de 2011.

 

EL NOMBRE DE LA CIUDAD: Ituci Virtus Iulia

Pese a la importancia del yacimiento arqueológico de Torreparedones, aún no disponemos de argumentos sólidos para conocer el nombre que tuvo en la Antigüedad, ni en época ibérica, romana y medieval islámica. Los primeros documentos escritos, tras reconquista, lo mencionan como Castro el Viejo y después como Torre o Cortijo de las Vírgenes, que nada aportan sobre su nombre antiguo.

Aún así, se han barajado diversas hipótesis: Bursavo y la colonia Ituci Virtus Iulia. Bursavo aparece mencionada, exclusivamente, en el Bellum Hispaniense, una obra de autor anónimo que relata el conflicto bélico que enfrentó a mediados del siglo I a.C. a Julio César con los hijos de Pompeyo. Cuando César estaba en pleno asedio del núcleo pompeyano de Ategua, envió una importante embajada de senadores y caballeros romanos a Bursavo (importante bastión pompeyano) para conseguir su apoyo. Por lo tanto, debía ser una ciudad importante, fuertemente amurallada, y situada en el entorno de Ategua. Por su parte, la población de Ituci Virtus Iulia es citada por Plinio en su Historia Natural, como colonia inmune perteneciente al conventus Astigitanus, entre Ucubi Claritas Iulia (Espejo) y Tucci Augusta Gemella (Martos) y aunque de momento no se conocen inscripciones que permitan establecer una ubicación certera, desde el siglo XIX se viene defendiendo como hipótesis bastante probable la ubicación de esta colonia en Torreparedones. Los recientes hallazgos en la zona del foro vendrían a reforzar este planteamiento.

 

 

Durante los trabajos de desescombro y limpieza de la ermita moderna dedicada a las mártires Nunilo y Alodia, que se encuentra derruida y convertida en majano intramuros a mitad de camino entre el foro y el santuario, se recuperó un fragmento de placa de piedra caliza micrítica gris (piedra de mina, como las losas del Foro) fracturada por todos los lados. Presenta la cara posterior toscamente desbastada y la cara anterior o campo epigráfico enmarcado originariamente por una moldura en forma de "s", de la que subsisten restos en el lado derecho. Las letras, de 8 cm. de altura, son capitales cuadradas de buena factura y escaso contraste, con refuerzos poco desarrollados y rasgos propios de época augustea.

Debido a la fragmentariedad de la placa, no sabemos si se trató del  revestimiento de un pedestal honorífico de estatua o de un epitafio encastrado en un monumento funerario. En cualquier caso, lo verdaderamente interesante de la inscripción se encuentra al final de la línea 2, a lo que parece tras el nombre del protagonista y formando parte de su cursus honorum, donde aparece una letra G seguida de una interpunción y del número XXXIII suprabarrado, es decir, con una línea incisa horizontal arriba. Este signo epigráfico se empleaba para indicar un numeral ordinario: trigésimotercero/a. La abreviatura se resuelve con seguridad como una referencia a la Legión 33ª del ejército romano.

 

La inscripción, por lo tanto, alude a un militar veterano de tal legión, bien soldado raso, bien oficial (centurio, tribunus militum, etc.). Las inscripciones que mencionan a militares son muy escasas en la Bética, provincia inerme (sin ejército acantonado) desde Augusto y durante toda la época imperial; documentándose  aquéllos sobre todo en calidad de colonos de las colonias fundadas por César y Augusto durante la segunda mitad del s. I a.C, como Urso (colonia Genetiva Iulia, Osuna) o Astigi (colonia Augusta Firma, Écija).

 

La Legio XXXIII  fue reclutada por Julio César entre la primera campaña de Hispania contra Pompeyo (primavera-verano del 49 a.C.) y la batalla de Farsalia (9 de agosto del año siguiente, 48 a.C.), seguramente en Italia. Combatió en la batalla naval de Actium bajo las órdenes de Octaviano (2 de septiembre del 31 a.C.) contra la flota de Cleopatra y Marco Antonio, siendo disuelta a continuación de la victoria (Rodríguez, 2001, 437). Después de la conquista de Egipto (30 a.C.), sabemos que Augusto reformó el ejército, desmovilizando a miles de veteranos y premiándolos con tierras mediante la fundación de colonias en Italia y las provincias.

 

 

Los argumentos a favor de la identificación del yacimiento de Torreparedones como la colonia de ciudadanos romanos Virtus Iulia Ituci, quedan reforzados con este nuevo testimonio, si lo unimos a los que ya teníamos como apunta el profesor Ángel Ventura:

 

-         La cita de Plinio el Viejo (Naturalis Historia III, 12): Singilis fluvius, in Baetim quo dictum est ordine inrumpens, Astigitanam coloniam adluit, cognomine Augustam Firmam, ab ea navigabilis. huius conventus sunt reliquae coloniae inmunes Tucci quae cognominatur Augusta Gemella, Ituci quae Virtus Iulia, Ucubi quae Claritas Iulia, Urso quae Genetiva Urbanorum…”. De ella puede inferirse que, por enumerar las colonias inmunes del conventus astigitano (uno de los “partidos judiciales” en que se dividía la provincia Bética en época imperial romana) de Noreste a Suroeste, es decir, siguiendo la orilla izquierda del río Guadalquivir, Ituci se encontraba entre Martos (Tucci) y Espejo (Ucubi), ambas identificadas de forma incontrovertible. Ubicación que presenta nuestro yacimiento, desde el que se divisan ambas ciudades al NE. y al SW.

 

-         La existencia de magistrados municipales en época julioclaudia como son los aediles y duoviri documentados en la ciudad (p.e. Marco Junio Marcelo), lo que indica que a comienzos de época imperial la ciudad tenía un estatuto privilegiado (colonia de ciudadanos romanos o municipio latino / romano).

 

-         La Tribus Galeria en que se inscriben sus habitantes ciudadanos romanos, que sabemos es la empleada por Augusto en el proceso de municipalización-colonización que lleva a cabo en la Bética.

 

-         La construcción de un Foro ex novo, de tipología romana, sobre casas preexistentes, en los últimos decenios del s. I a.C., posteriormente marmorizado en época de Tiberio (años 20 del s. I d.C.).  La configuración de este complejo forense remite al modelo del propio Forum Romanum de la Metrópoli en época augustea; si no en su conjunto, sí al menos en algunos aspectos parciales pero significativos. Especialmente destaca  la arquitectura del templo que lo preside al Oeste, de tipología “rostrata”  (con tribuna de oradores frontal y escaleras de acceso laterales), como el templo del Divus Iulius inaugurado por Octaviano en 29 a.C. Por último, la situación de la basílica en el lado corto opuesto al templo, como recomendaba Vitruvio por esos años 20 a.C. en su tratado De Architectura (V, 1,4), permiten deducir que la ciudad alcanzó un estatuto romano privilegiado (municipio o colonia) por entonces.

 

-         El tamaño reducido de la plaza forense, 22 x 24 m. (540 m2) que  implica un cuerpo cívico de varones adultos con capacidad de voto muy reducido, porque la plaza debía acoger anualmente los comicios para la elección de los magistrados municipales (duoviri y aediles). Según la Ley del Municipio Flavio Malacitano (cap. 55), todos los distritos electorales (curiae) debían votar a la vez en el mismo recinto, que es el Foro. En el de Torreparedones no caben más de 500 personas, lo que encaja mejor con una colonia, en la que un contingente reducido de veteranos legionarios son asentados en una ciudad preexistente, asumiendo esa élite todos los privilegios ciudadanos, que en un municipio, donde todos los habitantes varones adultos tenían derecho al voto, requiriendo un foro de mayores dimensiones.

 

La coherencia de los datos arqueológicos con la información histórico-geográfica transmitida por Plinio es asombrosa. Por el nombre, estamos ante una deductio colonial o asentamiento de veteranos en un oppidum prerromano turdetano (Ituci). Al denominarse  Virtus Iulia, la colonia debió ser deducida por Julio Cesar o por su hijo Octaviano. Por la tribu en que se enrolan sus ciudadanos, la Galeria, resulta mejor candidato Octaviano que César. En cualquier caso, la deductio estaba realizada ya con anterioridad al día 13 de enero del año 27 a.C.,  en que el Senado le otorga al heredero de César el sobrenombre de Augusto: obsérvese que la colonia no se llama “Virtus Augusta”, como sucede con otras fundaciones inmediatamente posteriores al año 27 como Mérida (Emerita Augusta), Écija (Augusta Firma Astigi) ó Martos (Augusta Gemella Tucci). Y el sobrenombre honorífico Virtus (“virtud”) remite a Octaviano: era el concepto programático político justo en los años 30-28 a.C., el que justificaba los poderes extraordinarios de quien había ganado la guerra civil (Actium) y salvado la patria, pero carecía de una posición constitucional legal, como recuerda el propio Augusto en sus memorias. El testimonio epigráfico del veterano de la Legión 33ª recuperado en Torreparedones, desmovilizado y premiado con tierras entre los años 30-28 a.C. viene a confirmar que la Colonia Virtus Iulia se dedujo en Ituci con veteranos de la Guerra de Actium justo en esos años, de dónde la onomástica de la ciudad y los modelos arquitectónicos elegidos para su centro monumental.

 

HALLAZGOS ANTIGUOS 

Como hallazgos más importantes que destacar, de los que tenemos noticia, hay que citar el ya mencionado mausoleo de los Pompeyos, una tumba subterránea que estuvo en uso desde los momentos finales de la República, hasta bien entrado el  siglo I de la Era. Algunas de las personas allí enterradas desempeñaron cargos importantes en la administración municipal de la antigua ciudad de Torreparedones, como Cneo Pompeyo Afro que fue edil y duumviro. Otro mausoleo romano de época altoimperial, que al parecer estuvo decorado con singulares relieves, fue la llamada Mazmorra, situada en la misma zona que el de los Pompeyos. Se trata de una estructura realizada en opus caementicium de planta rectangular cubierta con bóveda de cañón y con un pasillo en su lateral oeste, a modo de estrada a la cámara sepulcral.

 

 

También, de forma casual, se han encontrado las siguientes piezas: una escultura femenina acéfala tallada en piedra caliza, un capitel ibérico decorado con motivos vegetales tales como volutas y espirales siendo el motivo principal la roseta; un sillar de esquina en una de cuyas caras presenta en relieve una escena de culto, en la que dos mujeres ataviadas con túnica y manto depositan un vaso en forma de cáliz en el tesoro sagrado del templo o un togado realizado en mármol, datado a principios de época claudia y que constituye uno de los hallazgos más interesantes que demuestran la importancia que la ciudad romana de Torreparedones alcanzó durante los primeros siglos de la Era.

 

 

 

Como elementos visibles hoy día en el yacimiento podemos citar la propia muralla ibérica que rodea el asentamiento, levantada hacia el año 600 a.C. y reforzada a intervalos regulares con torres que se proyectan hacia el exterior; la puerta oriental, uno de los accesos con que contó la ciudad, flanqueada por dos imponentes torres que servían para su defensa, el santuario iberorromano situado extramuros, en el extremo sur, y el castillo medieval de época cristiana, que ocupa el punto más elevado.

 

SECTORES A VISITAR

La Puerta Oriental

En el lienzo amurallado oriental se localiza la puerta oriental, que ya fue objeto de excavación en 1990, aunque de forma parcial, pues tan sólo se investigó la torre sur. Recientemente, se ha podido excavar en su totalidad. La entrada monumental torreada se conformó en un momento muy posterior al de la erección del recinto fortificado de la ciudad, en época romana republicana, quizás, en el contexto de la guerra civil romana que enfrentó a César contra los hijos de Pompeyo. La obra que hubo de realizarse fue de tal calibre que debieron de extraerse toneladas de piedra y tierra previamente para, posteriormente, incrustar las dos torres y el correspondiente paso de entrada entre ambas. La muralla antigua fue seccionada y rehecha después. Las torres se construyeron con un aparejo poligonal de gran porte, con bloques someramente escuadrados, asentados en seco, y con ripios y lajas de piedra para asegurar su encaje. En su interior se dispone un muro en forma de cruz que conforma cuatro espacios rectangulares que estaban rellenos de tierra y cascote.

 

El hallazgo de sendas quicialeras en la zona más externa de las torres indica que la puerta estaba compuesta por dos hojas de madera de 1.5 m. de anchura cada una, por lo que se puede suponer una altura de unos 4 m; al interior, a unos 14 m., se ha documentado la presencia de una contrapuerta, también de dos hojas de madera, con sus correspondientes quicialeras. El paso de entrada entre las dos torres estaba acondicionado para el tráfico rodado y contaba con dos acerados que permitían el paso de los peatones sin ser molestados por carruajes y caballerías.

 

 

El Santuario

En cuanto al santuario, localizado a extramuros, en el extremo sur, hay que decir que se han excavado estructuras pertenecientes a dos edificios de culto, de los cuales el mejor representado es el segundo en orden cronológico. El primer templo, se podría datar en época romana republicana y el segundo en época altoimperial. El segundo templo consta de tres espacios, uno al norte, a modo de cella, que era la zona más sagrada, y delante, al sur un gran patio a cielo abierto en el cual quedan restos de algunos bancos sobre los que se depositarían los exvotos y se realizarían determinadas ceremonias religiosas y más al sur, un vestíbulo al que se entrada a través de una rampa o escalinata.

 

Al fondo de la cella, en la pared norte estuvo adosada una columna que no tuvo, al parecer, una función tectónica, sin basa, levantada sobre un área cuadrangular pavimentada y delimitada por lajas de piedra alineadas en posición vertical. Esta columna representaba la divinidad adorada en el templo que era Dea Caelestis y que en este caso se representó de forma anicónica, en forma de betilo estiliforme. La actividad cultual se desarrolló, por tanto, entre mediados del siglo I a.C. y casi todo el siglo I d.C. En el siglo II d.C. se produjo el abandono y destrucción del edificio religioso.

 

Entre los hallazgos más significativos cabe señalar numerosas piezas de cerámica, dos altares tallados en piedra caliza local y más de 300 exvotos también realizados en piedra local. Los exvotos de Torreparedones que representan figuras antropomorfas (femeninas y también masculinas), partes del cuerpo (piernas) y tan sólo un équido, son manifestaciones de una piedad y de unas creencias religiosas, cuya naturaleza está por descubrir, pero que se limitan a ser una exposición del sentimiento hacia la divinidad, debiendo entenderse como ofrendas realizadas en acción de gracias por un favor recibido, que solía consistir en la curación de un miembro enfermo del cuerpo (piernas) o de cualquier otra enfermedad, incluso de alumbramientos sin problemas para madre e hijo, por lo que es posible que la diosa se venerara bajo el título de Juno Lucina, patrona de las parturientas romanas y cuya festividad tenía lugar el día 1 de marzo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Castillo de Castro el Viejo

 

Esta fortaleza, que sirvió como lugar fortificado a la población medieval de Castro el Viejo, era ya conocida por fuentes documentales que nos informan de su existencia, al menos desde la segunda mitad del siglo XIII, y nos indican que continuó habitada y dirigida por alcaides nombrados por el concejo de Córdoba hasta mediados del siglo XVI. En un primer momento, tras la conquista, el castillo, al igual que el propio lugar de Castro el Viejo, perteneció al rey Alfonso X quien lo donó a Fernán Alfonso de Lastres en compensación por los servicios militares prestados durante la conquista, pero poco después pasó al concejo de la ciudad de Córdoba hasta que, a comienzos del siglo XVI quedara deshabitado.

 

 

 

Del castillo queda hoy en pie la torre del homenaje, parte de otra torre en la esquina NE. y restos de los muros perimetrales; en el patio se localiza un pequeño aljibe. Al este se extiende un segundo recinto más amplio, en cuyo extremo oriental pudo haber estado el acceso a la fortaleza. Las excavaciones que se vienen realizando en este sector, a cargo de la Delegación Provincial de Cultura, dirigidas por el profesor Ricardo Córdoba han puesto de manifiesto que se trata de una edificación cristiana de fines del siglo XIII o comienzos del siglo XIV, con una reforma importante a fines del siglo XV. Las últimas excavaciones en la plataforma localizada al este del castillo han puesto de manifiesto que este sector también forma parte del castillo; se ha encontrado un horno de pan con la cúpula de ladrillo muy bien conservado y fechado en el siglo XIV.

 

 

El Centro Monumental de la Ciudad Romana

Las investigaciones más recientes en Torreparedones (desde 2009 hasta 2012) se refieren sendas excavaciones arqueológicas en un sector concreto intramuros del asentamiento, cuyo objetivo era localizar el centro neurálgico de la ciudad en época romana. Hasta el momento se han excavado el macellum o mercado público, un buen tramo del decumano máximo, unas pequeñas termas y la plaza del foro con su correspondiente pavimentación con grandes losas de piedra de mina. En el sector oeste de la plaza de encuentra el templo, en el opuesto debe situarse la basílica civil, el pórtico norte quizás funcionó como chalcidicum, junto al que hay una estancia dedicada al culto (Aedes Concordiae), mientras que en el ángulo noroeste se ha excavado la curia. Hay que destacar el interesante conjunto escultórico recuperado, especialmente en el pórtico norte y en la curia. Todo ello ha puesto de relieve la importancia que alcanzó el lugar en época romana altoimperial, como consecuencia más que probable de la promoción jurídica de la antigua ciudad de Ituci convirtiéndose en la colonia romana Virtus Iulia en época de Augusto.

 

El Decumano Máximo

El eje viario que parte de la puerta oriental fue excavado en la campaña de 2006-2007, ha sido detectado en los últimos trabajos en la zona central del asentamiento y corresponde al decumano máximo, la principal arteria que recorría la ciudad en sentido este-oeste. Su recorrido total sería de unos 300 m. aproximadamente entre las puertas oriental y occidental.

 

 

 

La anchura de la calle es de unos 3 m. oscilando entre los 2,70 m. y los 3,20 m. El pavimento está realizado a base de losas de piedra caliza irregulares, de tamaño medio y grande, acuñadas con pequeños ripios y unidas con tierra. Por lo general, ni la colocación de las losas de piedra en el pavimento, ni su tamaño, responde a un diseño preestablecido, pero sí advierten determinadas alteraciones en algunas zonas como consecuencia de actuaciones posteriores. En lo que se refiere a la cronología de esta calle, aunque no tenemos datos concluyentes, creemos que su construcción o, al menos su pavimentación, se llevó a cabo en época republicana, es decir, en el mismo momento en que se construyó la puerta oriental, incluidas las dos torres monumentales y la propia calzada, así como las termas situadas junto al pórtico sur del foro.

 

En un momento posterior, en época romana altoimperial, se llevan a cabo una serie de actuaciones que tienen como finalidad la mejora del sistema de evacuación de las aguas residuales y pluviales. Así, en el tramo más occidental se aprecian una serie de losas de mayor tamaño colocadas en el centro de la calle, cuyo origen procede del macellum y cuyo final no se ha podido establecer ya que continúa hacia el oeste bajo el perfil de la zona excavada. Se trata de la cubierta de una cloaca que servía para el desagüe del agua de lluvia y de aquella que se utilizara en las tareas propias de limpieza de los alimentos que se vendían en dicho edificio.

 

Otra cloaca se encuentra en el tramo oriental del decumano, proveniente del cardo. Está constituida por dos paredes de piedras calizas y una base también de piedras irregulares trabadas con tierra. Servía para evacuar el agua de la plaza del foro y estaba cubierta en el tramo del cardo por losas de piedra. Desde fines del siglo II d.C. se produce una colmatación prolongada del decumano máximo que continua hasta bien entrado el siglo IV d.C.

 

El macellum

El mercado viene a sumarse a los escasos ejemplos conocidos en Hispania. Su construcción conllevó la demolición y arrasamiento de las estructuras preexistentes en el sector escogido para su ubicación, junto al decumano y próximo al foro, procediendo a continuación a la nivelación del terreno realizando diversos aportes de tierra. El material recogido en estas unidades y en aquellas que colmataban la cisterna ofrece una cronología centrada en la 1ª mitad del siglo I d.C. para la construcción del edificio.

 

Se trata de una sólida edificación levantada con potentes muros de opus vittatum, de planta rectangular, con una superficie de unos 370 m2 y un perímetro de 80 m. La anchura del muro perimetral es de 0,60 m. y su potencia en algunos puntos alcanza los 2 m. lo que podría indicar que el edificio quizás tuvo dos plantas en alzado. Su fachada principal daba al decumano máximo que está al N. y otra fachada secundaria al E. que daría al cardo. En la primera, se abrían dos puertas con una anchura de 2,70 m. Están ubicadas de forma simétrica, a la misma distancia de las esquinas NE. y NO. del edificio. En la fachada E. había otra puerta. En todos los lados del edificio, excepto en el N., se encuentran una serie de pequeños espacios, de planta rectangular, que deben interpretarse como tabernae, quedando en el centro un patio porticado al aire libre o area. Este primer mercado, que responde al tipo de planta central, fue modificado y alterado por la actividad edilicia posterior, aunque se ha podido restituir su planta original. Tras algunas reformas efectuadas entre su construcción y finales del siglo II d.C. el mercado se abandonó pero de nuevo se restauró a comienzos del siglo III d.C. quedando abandonado definitivamente  a lo largo de dicha centuria; posteriormente, algunos de los espacios que antes tuvieron una función comercial se utilizaron como rediles para animales y, por último, se usó, de forma puntual, como cementerio.

 

 

El macellum de Torreparedones participa de las características de de la mayoría de los mercados hispanos. Así, vemos que suelen situarse siempre junto al foro o en las proximidades de éste, aunque en cualquier caso se buscaba abastecer a la población y facilitar su acceso, así como el de los proveedores, sin estorbar la circulación del foro. El mercado romano de Torreparedones era, como cualquier otro un mercado especializado en la venta de productos alimentarios exclusivamente, siendo el producto estrella la carne de vacuno en sus primeros momentos, pero después se constata también el consumo de otros animales domésticos (caprinos y suidos).

 

 

 

La Plaza del Foro

La documentación de parte del foro de la ciudad romana ha permitido conocer la importancia de este núcleo urbano durante la etapa altoimperial, con dos fases bien constatadas: su construcción en época augustea y la reforma que, no sólo alteró la fisonomía de la plaza, sino que también afectó a los edificios que la rodean, en época tiberiana; otras fases posteriores hay que vincularlas con el proceso de ruina y saqueo del espacio forense.

 

 

 

El epígrafe monumental grabado en las losas del pavimento de la plaza en época tiberiana sirve de hito cronológico para situar la gran reforma del centro neurálgico de la ciudad. La plaza cambia, probablemente su planta y se lleva cabo una “marmorización” y monumentalización, que afecta también a los edificios adyacentes, al tiempo que se levantan otros nuevos. En la plaza el cambio más sustancial es el correspondiente al pavimento con losas de caliza micrítica.

 

 

 

 

Este pavimento presenta además diversas interfacies en su superficie relacionadas con la colocación de pedestales, aras, etc. de las que destacar la realizada sobre la hilera central de losas del pavimento, con una longitud total de 18´9 m. Se conserva el tramo inicial del texto, de 5’6 m. de longitud, con el nombre completo en nominativo del evergeta que acometió la pavimentación de la plaza; a continuación, el pavimento forense ha desaparecido por efecto de varias interfacies, generándose una lacuna en el texto de 9’4 m. de longitud. La inscripción fue realizada con letras de bronce (litterae aureae), totalmente desaparecidas en la actualidad.

 

La traducción sería: “Marco Junio Marcelo, hijo de Marco, de la tribu Galeria … de Augusto, pavimentó el foro con su dinero”.

 

 

La Curia

Los trabajos de excavación que se realizan en la zona del entorno del foro han permitido la localización de un importante edificio situado en el ángulo noroeste del foro. Su planta, el porte de sus muros y otros aspectos permiten identificarlo con la curia, es decir, con el lugar donde se reunía el ordo decurionum, es decir, el senado local, para debatir los asuntos públicos de la ciudad. El acceso se realizaba desde la propia plaza del foro, a través de una pequeña escalera quedando, por tanto, su cota más elevada con respecto a la de la plaza. En primer lugar, se dispone un pequeño patio tetrástilo al aire libre, con pavimento de opus signinum, y en torno a él se encuentran distintos espacios que pudieron servir como tabularium o archivo en el que se custodiaban los documentos oficiales, el aerarium donde estaba en tesoro de la ciudad en su correspondiente arca ferrata cuyos restos se han recuperado muy deteriorados y, como no, el aula donde se celebraban las sesiones del senado. Los muros que delimitan el espacio están construidos con fábrica de opus quadratum siendo el pavimento del aula de grades losas de mármol blanco.

 

 

La Basílica

El último edificio descubierto en la zona del entorno del foro ha sido la basílica donde se realizaban importantes operaciones comerciales pero, sobre todo, primaba la acción judicial. También servía como lugar de reunión de los ciudadanos para tratar diversos asuntos, protegidos de las inclemencias del tiempo. Debido a la topografía del sector oriental del foro en la que se encuentran los nuevos vestigios, que presenta una pendiente acusada en sentido norte-sur y oeste-este, y como consecuencia de la erosión tanto natural como antrópica, no se ha conservado ni tan siquiera el pavimento, pero sí los muros de cierre y los pilares donde apoyaban las columnas que rodeaban la sala interior. Es de planta rectangular con una superficie de unos 350 m2 dispuesta con el lado mayor en sentido norte-sur, de modo que cerraba la plaza forense por el lado oriental, quedando justo en frente del templo; la basílica se convertía así en un elemento delimitador del conjunto forense dentro del marco arquitectónico-urbanístico del mundo romano en un esquema que se repite en otras ciudades del Imperio.

 

El pavimento, posiblemente de mármol, no ha llegado hasta nuestros días pero quedan evidencias de la cota a la que estaba (superior a la de la plaza) y también se han conservado los 20 pilares que sustentaban las 20 columnas de la peristasis (8x4) que rodeaba la gran nave central conformando a su vez un pasillo o deambulatorio de 2,8 m. de anchura. Se conserva parte del alzado de los muros oeste y norte con fábrica de opus vittatum, habiéndose recogido fragmentos de estuco pintado en diversos colores que revestían las paredes, mientras que del resto sólo quedan las cimentaciones. Disponía como mínimo de tres puertas de acceso desde la plaza del foro, una central más ancha, de la que se conserva un peldaño del escalón inferior, y otras dos laterales que permitían el ingreso al pasillo en sus extremos norte y sur, y tenía, como suele habitual en este tipo de construcciones, dos plantas en altura.

 

De la decoración arquitectónica quedan pocos restos pero es muy probable que el orden inferior fuese jónico mientras que el orden de la planta superior sería corintio; de hecho algunos capiteles y basas del orden superior se han recuperado en una estancia situada inmediatamente al norte de la basílica. La presencia de varias tumbas de inhumación en el interior de la basílica, con una orientación este-oeste (aún no excavadas), pone de manifiesto la reutilización del espacio como área funeraria en época tardoantigua.

 

 

 

 

El Templo

El templo de Torreparedones responde al modelo de templa rostrata. Su planta era rectangular, con unas dimensiones determinadas por la línea exterior de las cimentaciones de 15 m de longitud por 9,40 m de anchura. Dentro de esta planta se ha podido distinguir la estructura de la cella, también rectangular, adosada al muro trasero del templo, con unas dimensiones de 7,75 m de longitud por 5,60 m de anchura, según las líneas externas de las cimentaciones; delante de la cella estaría el pronaos. En cualquier caso, se puede afirmar que se trataría de un templo periptero sine postico, con fachada tetrástila, probablemente systyla con fustes de 3 pies de diámetro.

 

Se engloba dentro de los templos urbanos que están dotados de una plataforma o tribuna destinada a oradores, y que tienen una clara funcionalidad de carácter sacro y político. Estos templos tienen su origen en el s. II a.C. aunque su desarrollo se enmarca dentro de la época julio-claudia, pues incluso en la misma Roma no se ha documentado ningún templo de estas características después de la muerte de Augusto. Esta tipología de templos surge con la construcción del templo de Venus Genetrix que preside el Foro de César, por quien fue dedicado en el año 46 a.C. y que fue culminado por su sucesor Augusto. Pero el modelo más característico, dentro de esta tipología, es el templo dedicado a Divus Iulius, en pleno Foro Romano, en el lugar donde, supuestamente, fue cremado su cadáver, financiado personalmente por el propio Augusto quien lo inauguraría en agosto del año 29 a.C. Las únicas advocaciones a las que estaría consagrado serían Divo Iulio o Romae et Augusto.

 

 

Las Esculturas Romanas

 

Ha sido, precisamente, en la zona del foro donde se han practicado los hallazgos muebles más interesantes consistentes en diversos restos escultóricos, la mayoría de ellos pertenecientes al programa decorativo dedicado al culto imperial, mientras que otros pudieron representar a personajes influyentes de la ciudad. Hay que recordar que el foro era el escaparate donde mostrarse ante los ciudadanos y las representaciones escultóricas era uno de los medios más frecuentes para conseguir esa publicidad o propaganda. Aún quedan in situ varios pedestales en el lateral oriental de la plaza que debieron acoger varias estatuas, quizás de bronce,  de personajes relevantes. También en el pórtico norte se conservan otros pedestales que han servido para colocar réplicas de las esculturas halladas en dicho lugar.

 

Retrato de Augusto

 

Entre los elementos muebles recuperados en la curia hay que mencionar un importante conjunto escultórico del que destaca la cabeza-retrato de Augusto. Sólo existen 12 representaciones hasta la fecha en Hispania.

La cara destaca por tener unos rasgos muy idealizados del emperador, destacando el aspecto juvenil del mismo, cuando con toda probabilidad, el emperador ya había fallecido en el momento de la ejecución de la pieza. El mentón, los labios y sobre todo los mechones del cabello confirman sin ningún género de dudas la identidad del personaje. Octavio adoptó para ser representado varios modelos del periodo griego, demostrando así su admiración hacia la cultura helena. Uno de ellos fue el Doríforo de Policleto, del que copia pose (cuando se conserva el cuerpo entero) y la seriación en los mechones del cabello, con unos divergentes (en forma de cola de golondrina) y otros al lado convergentes (como si de una garra se tratara).

 

El tipo representado en este retrato es el tipo denominado “Primaporta”, nombre procedente de una escultura hoy depositada en los Museos Vaticanos y que se caracteriza por tener el gesto relajado y la mirada firme. Lo que diferencia nuestro nuevo retrato de la pieza romana es la corona cívica, llevada por el emperador una vez muerto y cuando se decreta por parte de su sucesor, Tiberio, su apoteosis o ascensión de su numen al cielo. Pero tenemos que remontarnos algo en el tiempo para conocer el origen de esta corona. El Senado de Roma otorgó varios honores al entonces Gaio Octavio en el año 27 a.C. en reconocimiento a su papel en el fin de la guerra civil. Dichos honores se materializaron en la concesión del título “Augusto” (sublime), en la concesión de una corona dorada de hojas de encina (corona civica) y en un clípeo (escudo) por su virtus, clementia, iustitia y pietas.

 

 

El resto de esculturas encontradas en la curia (al menos tres) deben representar a divinidades y/o emperadores y emperatrices, en posición sedente, pudiendo corresponde la cabeza de Augusto a alguna de ellas y no se descarta que dicha estatua fuese la que presidía las reuniones del senado, colocada en un ábside ubicado al fondo del aula.

 

Retrato de Claudio

Cabeza de tamaño natural a la que le falta la nariz. Tiene arañado el lado de la cabeza. Sólo se conservan del cabellos los mechones del flequillo que le llegan hasta detrás de la oreja; el resto de la cabeza no ha sido trabajado y se aprecian dos grandes orificios rectangulares en la zona superior y otros cinco mucho más pequeños y circulares, tres en el lado derecho y dos en el izquierdo con restos de metal que servirían, con toda probabilidad, para empotrar en elemento aparte una corona. Frente surcada por dos arrugas horizontales, más profunda la inferior de la que nace otra vertical hasta el punto donde comienza la nariz. Dos son las características en este retrato que nos ayudan a conocer la identidad del representado. Por un lado, la muy marcada tendencia triangular en el rostro y por otro la disposición de los mechones del cabello.

 

Los mechones del cabello, muy poco individualizados, que toman direcciones opuestas a partir de su eje, pero que en el lado derecho vuelve a girar, remite al tipo principal del emperador Claudio. Algunas características de la pieza podrían estar indicándonos, posiblemente que se trata de una reelaboración sobre un retrato anterior, posiblemente de Calígula. Esta pieza se suma a los cuatro que ya eran conocidos en la Península Ibérica. Además, ofrece el interés añadido de ser una pieza reelaborada para representar al emperador Claudio a partir de un retrato de Calígula, uniéndose a los otros dos casos hispanos donde se repite tal situación: Bilbilis y Córdoba.

 

 

Togado

Escultura que representa a un personaje masculino portando la toga, símbolo del status ciudadano. De apariencia muy maciza, la pieza se sostiene en el pie izquierdo, estando el derecho flexionado y apoyado en el pie. La toga cubre todo el cuerpo hasta los tobillos, donde se aprecia la lacinia. El balteus es ancho y horizontal, sobre el que se destaca el umbo en forma de U. El sinus no alcanza la rodilla derecha. La lacinia se observa con toda perfección caer entre los pies de la pieza que van calzados con el calceus compuesto por dos tiras de cuero que se cruzan en el empeine del pie y que responde tanto al tipo de calceus senatorius como al patricius.

 

La pieza forma parte del amplio grupo caracterizado por Goette como Toga de época imperial con umbo en forma de U. Dentro de este amplio grupo, la horizontalidad y anchura del balteus, el tamaño del umbo y el hecho de que el sinus alcance la rodilla sin taparla, son características que avalan la pertenecía del togado de Torreparedones al periodo central del reinado de la dinastía julio-claudia, seguramente en las postrimerías del principado de Tiberio o ya de Claudio. Podría representar al emperador Tiberio.

 

 

Escultura femenina icónica

 

Escultura femenina vestida que viste la calasis, observable debajo del cuello de la figura y la stola, encima de la que se coloca el manto o palla que cubre casi la totalidad de la figura a excepción del pecho y el pie derechos. El manto llegaría hasta el hombro izquierdo, hoy desaparecido y se recogería en el brazo de donde caería hasta llegar a la altura del pie. Se apoya en la pierna  izquierda, dejando flexionada la derecha. Va calzada con los calcei muliebris.

El cuerpo se realiza a partir de un bloque paralelepípedo de mármol. La zona trasera del cuerpo sólo está abocetada. La representación de figuras femeninas con los trajes típicos de las matronas romanas o con ropajes de corte greco-helenístico es normal en ámbito público y privado a partir del periodo republicano. En concreto, el tipo al que pertenece la figura ahora comentada es el tipo Koré, cuyo prototipo se remonta a finales del siglo IV a. C., conociéndose ejemplos del mismo hasta el siglo III de nuestra era, siendo muy popular en ámbito hispano donde se reprodujo en gran número desde época preaugustea hasta el periodo adrianeo.

 

Característica de la pieza que comentamos es el que, aunque el manto se pega al cuerpo desde el pecho para abajo, sin embargo no marca tan bien la anatomía en el vientre como en la pierna doblada. La visualización de detalles anatómicos como el ombligo es normal en otros ejemplos hispanos como por ejemplo en un paralelo procedente del templo de Diana en Mérida, fechado en el segundo cuarto del siglo I de C. Podría tratarse de una representación de la emperatriz Livia.

 

 

Escultura thoracata

 

La pieza ha perdido la cabeza, las piernas hasta la parte superior de la rodilla, el brazo derecho y el antebrazo izquierdo. El paludamentum cubre su hombro izquierdo y es recogido en su extremo por el desaparecido antebrazo. La coraza se decora en su parte superior con la cabeza de medusa alada, con serpientes anudadas en la base del cuello y en la parte central dos victorias enfrentadas con un thymiaterion en el centro; debajo, una figura femenina, tendida sobre el manto y cubierta por éste en la mitad inferior de su cuerpo. Las victorias tocan el thymiaterion con una mano, y con la otra sostienen una espada y un yelmo. La simetría no se consigue porque a la izquierda del grupo aparece un erote que porta un escudo y lo que parece una insignia militar.

 

 

Por debajo de la coraza, dos filas de pteryges con motivos típicos de estos elementos: palmetas de variada composición, cabezas de medusas, cabezas de felinos y escudos cruzados. Por debajo, una sola banda de launas que terminan con el extremo inferior de la túnica o colobium que viste el personaje bajo la coraza. Bajo el brazo izquierdo de la figura y a la altura de las launas, un taco marmóreo indicaría la presencia de la espada. La pieza adelanta el pie derecho sirviéndole el izquierdo de apoyo. El brazo derecho, hoy desaparecido debió tenerlo levantado mientras que el izquierdo, doblado, sostiene el paludamentum en el antebrazo.

 

En la escena de la coraza tendríamos una alegroría de la Victoria conseguida mediante el soporte de las armas; la vinculación de la figura recostada y que creemos identificar como Tellus ampliaría y diversificaría el significado a una geografía peculiar o bien, podemos pensar que esta victoria se apoya y sostiene en el territorio sin poder definir con más precisión este último. La pieza podría situarse, cronológicamente, en el principado de Trajano.

 

La Necrópolis Oriental

Con motivo de la construcción del centro de recepción de visitantes se ha realizado una excavación arqueológica para valorar la posible presencia de una necrópolis en dicha zona. Ha sido dirigida por el arqueólogo Fernando Javier Tristell y ha contado con la colaboración de la antropóloga Dña. Inmaculada López. En efecto, los resultados obtenidos han confirmado la presencia de varias tumbas colectivas soterradas o parcialmente soterradas que contaban con una cámara funeraria a la que se accedía a través de escaleras realizadas en mampostería e integradas en la estructura por su extremo oeste.

 

 

En los muros de la cámara se ubican los nichos o loculi para las urnas cerámicas o de piedra que contenían los restos de las cremaciones de los cadáveres. En todos los casos, se trataba de un claro nivel de saqueo antiguo. Igualmente, aparecieron algunas cremaciones en urnas cerámicas de tradición ibérica depositadas en pequeñas fosas, a veces revestidas con mampuestos de piedra local. Pero la mayoría de los enterramientos documentados son inhumaciones y su tipología va desde una simple fosa excavada en los estratos geológicos, con cubierta de lajas o tégulas, hasta tumbas con estructuras de cistas de piedra, cubierta de losas o lajas de piedra y, en ocasiones, túmulo de mampuestos.

 

En cuanto al estudio antropológico realizado hay que señalar que han sido identificados restos articulados y deposiciones secundarias. Se han realizado descripciones del ritual (articulaciones, posición, orientación…etc.) y diagnósticos preliminares antropológicos: sexo, edad, rasgos morfológicos y paleopatológicos.

 

 

 

 

 

 

Se han supervisado un total de 103 unidades estratigráficas que corresponden a 56 Inhumaciones primarias y 47 depósitos secundarios, entre los que se incluyen restos óseos cremados, osarios y elementos aislados. Así, se han documentado 71 tumbas, de las cuales 58 contenían a un solo individuo mientras que 13 contenían a más de un individuo. En cuanto al rito funerario empleado 60 tumbas presentan rito de inhumación y 11 tumbas, de cremación.

 

Este estudio antropológico ha permitido extraer interesantes datos sobre aspectos morfológicos, demográficos y paleopatológicos de la población romana y tardorromana que vivió en la antigua ciudad de Torreparedones.

 

La Ermita de las Vírgenes

La zona en la que se ubica este edificio está entre la puerta oriental y el santuario, según un croquis elaborado por Aureliano Fernández-Guerra en 1834. El nombre de Torre de las Vírgenes, con el que también se conoce Torreparedones, se basa en una tradición que afirma que dichas santas fueron martirizadas allí en el año 851 durante el gobierno de Abd al-Rhaman II. Se sabe con certeza que en Torreparedones hubo una antigua ermita consagrada a santa Nunilo y santa Alodia, al menos durante los siglos XVI, XVII y primera mitad del XVIII.  En 1644 un caballero veinticuatro de la ciudad de Córdoba, llamado Andrés de Morales y Padilla, visitó el sitio, que entonces era propiedad del concejo cordobés, y examinó la ermita comprobando su buen estado de conservación y describiendo el altar con el retablo donde estaba pintado el martirio y una inscripción debajo que confirmaba su dedicación a Nunilo y Alodia, aunque ya se había borrado el nombre de la persona que lo había costeado y la fecha.

 

El Catastro de Ensenada, fechado en 1752, describe la ermita de las Vírgenes entre las 18 que entonces tenía Baena, pero veinte años después, en 1772 cuando Bartolomé Sánchez de Feria escribió su “Palestra Sagrada” ya estaba arruinada, y en 1834, durante la visita realizada por Fernández-Guerra, para estudiar el Mausoleo de los Pompeyos, los labradores del cortijo le dijeron que en aquel sitio hubo una “iglesia del tiempo de los godos”.

 

La excavación ha puesto al descubierto los restos de aquella de construcción, de pequeñas dimensiones y paramentos de mampostería de piedra trabada con tierra y mortero. La pista más contundente ha sido la mesa o altar mayor de la que sólo quedaba una mínima parte, decorada en su parte inferior con unos azulejos elaborados con la técnica de arista, característicos de la primera mitad del siglo XVI.

 

 

 

 

 

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